Dos meses después del inicio del confinamiento obligatorio se comienzan a observar las principales consecuencias de este. Miles de bares, restaurantes, cines, cafeterías, almacenes y múltiples sectores industriales y manufactureros han dejado de producir y se han visto obligados a despedir a gran parte de sus trabajadores. Según informes del DANE, el desempleo en Colombia puede oscilar entre el 17% y 20% de la población económicamente activa para el segundo trimestre del año. Lo anterior deja en el limbo el sustento de millones de familias.

Por otro lado, todas las medidas que ha implementado el gobierno como el ingreso solidario y los tres días sin IVA. Se quedan el terreno de lo paliativo y de lo inútil. Pues por un lado el ingreso solidario independientemente del mal manejo administrativo y burocrático que se le ha dado no superas los 170.000 $. Y por tanto, no alcanza de ningún modo para mercar, pagar el arriendo y los servicios públicos. Aún más cuando en medio de la crisis se pronostica una de las peores inflaciones en la historia colombiana.

Y con respecto a los tres días sin IVA, la pregunta se enmarca en la siguiente cuestión ¿de donde van a sacar plata las poblaciones mas vulnerables y afectadas para aprovechar esta “oportunidad” de comprar sin impuestos? A todas luces esta medida no beneficia mas que a las clases altas que no han visto reducida su capacidad adquisitiva.

Además, cabe mencionar que la población económicamente afectada esta muy lejos de restringirse al pequeño porcentaje que hace parte de los programas del adulto mayor, familias en acción y jóvenes en acción. La población afectada atraviesa todas las esferas la sociedad incluyendo pequeñas, medianas empresas y gran parte de la clase media.

En este ámbito, de pobreza, desempleo y hambre creciente es necesario plantear tanto a nivel local como global la creación de una renta básica universal que le permita a las poblaciones vulnerables, al menos por un periodo de tiempo, satisfacer sus necesidades básicas.

Cabe resaltar que esta idea ha sido planteada en múltiples ocasiones por diferentes pensadores. Entre ellos cabe mencionar al afamado economista británico John Stuart Mill y su colega Thomas Paine quienes reconocían abiertamente la incapacidad del mercado para regularse a si mismo y ofrecer unas condiciones que permitieran el bienestar común.

Superar la pobreza extrema debe ser una de las principales prioridades de todos los gobiernos en la actualidad. Es imperante abandonar esas prácticas del neoliberalismo salvaje, de una economía laboralmente excluyente que promueve y ahonda la desigualdad.  hasta el mismo Adam Smith, pensador neoliberal, recita en una de sus principales obras “sin lugar a dudas ninguna sociedad puede ser próspera ni feliz si la mayoría de sus miembros están sumidos en la pobreza absoluta”

Uno de los principales pasos para implementar la renta básica universal es reconocer que con su despliegue se le daría un impulso sin precedentes a la economía pues habría un mayor consumo de todo tipo de productos y servicios.

En este marco, cabe anotar que los principales criticas sobre esta propuesta tiene que ver con que el costo para su implementación seria demasiado alto, sin embargo, si se tiene en cuenta los costos tanto administrativos como subsidiarios de todas las ayudas y alivios económicos que se reparten en diversos programas a nivel nacional y municipal y todos los procesos de corrupción que se han evidenciado al interior de estos a lo largo de la historia, el costo real del despliegue de la renta básica es completamente equiparable a los procesos subsidiarios que se han venido desarrollando. Solo cambiaria la forma en la que se distribuye.

es pertinente mencionar finalmente que la implementación de la renta básica tiene en su base una reforma estructural que conlleve una desmercantilización del sistema salud, educativo,  agrícola y tributario.