En esta contemporaneidad donde todas las personas y en especial las nuevas generaciones se encuentran en una búsqueda constante de experiencias y sensaciones nuevas, donde viajar por el mundo es uno de la principales anhelos y prioridades de gran parte de la población, donde los valores frente a la familia y el trabajo han comenzado a modificarse y donde vivir es sinónimo de cambio constante y de experimentar todas las sensaciones y momentos que nos sea posible.

Aparece un concepto trabajado por Nietzsche en la Gaia ciencia, en la sección del Homo Ecce. Que tiene que ver con el amor “Fati” catalogado como amor y aceptación a nuestro lugar y a las condiciones particulares que nos fueron dadas para habitar el universo. Este lugar es a su vez determinado por los contextos sociales, políticos, económicos y religiosos sobre los cuales hemos desarrollado nuestras vidas.  

Asi, una vez comprendemos y aceptamos el marco de nuestro desarrollo vital nos vemos facultados para elegir cada una de las vivencias que se corresponden con nuestro lugar y al mismo tiempo evitamos dejarnos seducir por el frenesí experimental que plantea la sociedad actual. En pocas palabras la idea de Nietzsche gira en torno, a encontrar nuestro lugar y actuar conforme este.

En dicho ámbito hay tres aspectos que vale la pena trabajar, por un lado, identificar que en la mayoría de los casos las experiencias que vivimos y que creemos como nuevas siempre están mediadas por la creación de necesidades constituidas como estereotipos vitales por medio de la publicidad. En este sentido, las experiencias que vivimos no surgen. (en la mayoría de los casos) de un deseo propio, si no, de una estimulación externa que se empeña en hacernos desear.

 Un segundo aspecto gira en torno, a reconocer la diferencia entre vivir y experimentar. Dicha disimilitud consiste en que vivir conlleva comprender el lugar, el significado y las funciones de los hechos dentro de nuestro contexto vital y experimentar se adhiere a unos tipos de acción mucho más efímeras y volátiles que en gran medida están atravesadas por el consumo y por sueños comunes que se intrincan en la mentalidad de la población.

y el tercer punto de esta discusión viene dado por la lucha constante que mantiene gran parte de la población consigo mismo. Recriminándose una y otra vez no haber experimentado esto y lo otro y no  haber alcanzado ciertos estándares laborales, educativos, emocionales o económicos.

En estos tres ámbitos aparece el amor “Fati” y la consecución de este como una solución para generar prácticas de comprensión y de desarrollo vital auténticas que se alejen del debe ser construido por el marketing y el consumo y partan de la voluntad individual.