Todos estaremos de acuerdo en que la procrastinación es una de las principales enfermedades del siglo XXI. Nunca antes había existido tantos y tan diversos distractores que nos alejan con tanta facilidad de nuestros deberes y prioridades. Sin ni siquiera darnos cuenta mientras trabajamos perdemos una cantidad de tiempo considerable revisando nuestras redes sociales, respondiendo mensajes o simplemente contemplando la nada. Y en la mayoría de las veces terminamos por dejar nuestra labor a medio empezar o aún peor, nuestros planes se quedan en el plano de las ideas.

Por ello hoy he decidido generar una simple guía con unos cuantos consejos que nos ayudaran a aumentar nuestra productividad y evitar posponer la decisión de realizar nuestras tareas.

Ahora bien, el primer consejo tiene que ver con que es vital dividir nuestras acciones en pequeñas partes. Pues comúnmente al enfrentarnos con una tarea de gran magnitud nuestro cerebro y nuestra voluntad se ven abrumados, no encuentran por dónde empezar y asimilan la labor en cuestión como irrealizable.

Por ejemplo, si queremos realizar un texto o informe sobre determinado tema lo ideal sería informarse desde distintas fuentes sobre el asunto de interés, luego recopilar y organizar las ideas importantes, tomarse un tiempo para definir la estructura de tu escrito y finalmente sentarse a redactar. Así, desarrollando cada punto en distintos momentos de la semana en cuestión de unos días habrás logrado tu objetivo. Es vital concebir todo como un proceso y no como un fin en si mismo.

Mi segunda recomendación esta orientada a modificar el entorno donde trabajamos. En mi caso siempre cometía el error de desarrollar mis deberes en mi cuarto. Rodeado de mis instrumentos musicales. A menos de un metro de mi cama y con mi celular al lado. Sin darme cuenta terminaba tocando guitarra. Recostado o respondiendo mensajes.

En este marco. Para poder concentrarnos debemos eliminar de nuestro espacio todas las distracciones que existan en el contexto. Dejar el móvil en otra habitación. Trabajar lejos de nuestro entorno de descanso y alejar objetos que puedan cooptar fácilmente nuestra atención.

Una tercera recomendación gira alrededor de generar vínculos con personas que compartan tus contextos y en este sentido, tus labores. Compañeros de cole, de universidad o de trabajo que te inspiren, te impulsen, te puedan aportar nuevas ideas y generen asociaciones colaborativas. Normalmente cuando trabajamos en equipo y tenemos la posibilidad de poner en común nuestras ideas, aciertos y errores la motivación que le imprimimos a nuestras labores tiende a incrementarse.

El cuarto norte para evitar la procrastinación y en mi opinión el mas importante es tomarse un tiempo para identificar lo que realmente disfrutamos y nos apasiona. Muchas personas pasan sus vidas intentando aprender a tocar un instrumento, pretendiendo ser escritores, procurando aprender ingles cuando en realidad ninguna de estas actividades los inspira realmente y terminan por obligarse a si mismos a practicar algo que no disfrutan. Por ello es vital tomarse un tiempo para encontrar aquello que nos enamora. Siempre he sostenido que es imposible volverse bueno en algo que no nos gusta.

Finalmente, un último consejo tiene que ver con eliminar de nuestras mentalidades el miedo al fracaso, este es quizá la base de todas las frustraciones que vivimos. Gran parte de las personas no asimilan que de errores y derrotas esta construido el camino al éxito.  Nadie aprende a montar bicicleta sin caerse unas cuantas veces, nadie aprende a amar sin haber experimentado el desamor y nadie logra llegar a la cima sin haber tropezado miles de veces. Por ello no hay que temer al fracaso si no, a la falta de voluntad y de persistencia.