Bien es sabido que a lo largo del tiempo el modelo de educación en Colombia y en muchos países de América Latina ha demostrado serias deficiencias y ha sido ampliamente criticado por sus características costumbristas adoptadas del modelo prusiano clásico, el cual se caracteriza por la obediencia ciega, el autoritarismo, la uniformidad mental y la eliminación de la curiosidad como base del aprendizaje.

Por otro lado, es evidente que, específicamente en Colombia, lo educativo es un sector ampliamente desatendido por el estado. Pues si bien, existe unos niveles de cobertura aceptables, la calidad de esta, en cuanto, a herramientas, contenidos, infraestructura y garantías para el ejercicio de la labor docente deja mucho que desear.

Así, en el marco de la cuarentena, a finales de marzo, el presidente salió anunciar con toda la tranquilidad y la seguridad del mundo que durante la emergencia producto de la pandemia se virtualizara la educación primaria, media y superior en todo el territorio nacional.

En dicha alocución solo me quedo clara una cosa. El gobierno nacional no tiene un panorama claro de las condiciones en las que se educan lo jóvenes colombianos.

La virtualización de la educación en nuestro país se torna completamente inviable, específicamente por tres motivos. El primero tiene que ver con los bajísimos niveles de acceso y de manejo de las tecnologías de la información y la comunicación en todo el territorio nacional, especialmente en las ruralidades colombianas.  

el segundo motivo gira alrededor de la incapacidad, tanto de maestros como de alumnos para desarrollar estrategias autodidactas y finalmente el tercero gira en torno, a que en el ámbito de la crisis económica que está poniendo en entre dicho las condiciones materiales de millones de hogares se torna muy complejo que las familias tengan la salud y la disposición mental para ayudar a sus hijos con el despliegue y aprendizaje de los contenidos.

En resumen, no existen ni las herramientas, ni las capacidades, ni la disposición mental para que la educación en Colombia se virtualice.

Ahora bien, a raíz de la crisis se han dispuesto algunas plataformas mediante las cuales docentes y administrativos puedan elaborar estrategias para llevar a cabo un plan que se adapte a la situación actual. Dichos planes consisten en gran medida en él envió. De audios, documentos y actividades. Las cuales difícilmente se desarrollarán, como ya se menciono, por la carencia de las capacidades autodidactas, de las disposiciones físicas y mentales y de las herramientas tecnológicas

La ausencia de estas últimas se ilustra a partir de lo datos publicados en las paginas oficiales del ministerio de educación. En las cuales según registros del año 2018 de cada 24 niños solo uno o dos tiene computadora en su hogar. ¿Cómo es posible transitar a la virtualidad bajo estas condiciones? ¿Cuál ha sido el papel del ministerio de las TICS en la educación colombiana? Son preguntas que quedan abiertas.

En este mismo sentido, se muestra que los avances con relación a la conectividad con fines educativos se encuentran en rojo, es decir, que la mayoría de Instituciones públicas no cuentan con una red de calidad y en su gran mayoría tienen que hacer un autofinanciamiento para tener acceso a internet,

Estos cortos hechos dejan en evidencia varias cuestiones, la primera, es que la educación en Colombia no está preparada para transitar al terreno de la virtualidad, la segunda es que gracias a la desatención estatal la crisis educativa se ha profundizado a causa de la inexistencia de herramientas y condiciones dignas para desplegar un aprendizaje significativo y la tercera es que en medio de esta coyuntura es obligatorio que se reevalúe y se intervenga seriamente el ámbito educativo en nuestro país.

A manera de conclusión, cabe decir, que la educación en Colombia necesita un papel preponderante en la sociedad, que no se trata de soluciones pasajeras e ineficientes, sino que se trata de reclamar una reestructuración del sistema educativo que conciba el educarse como un derecho fundamental y que se le brinde al sistema un presupuesto mucho más alto que permita el despliegue de este en los escenarios que devendrán producto de esta crisis. Y finalmente que esta transformación se funde en un modelo critico, consciente y contextual.

texto en colaboración con Deisy Rios