idiosincrasia colombiana

Hoy es  el día número 21 de la cuarentena decretada por el gobierno nacional, en medio de la ansiedad, la incertidumbre y la  monotonía producto de esta coyuntura provocada por el Covid-19. Hay una idea que no sale de mi cabeza. La cual tiene que ver con que en las peores crisis es cuando se refleja la esencia idiosincrática de los pueblos. Es decir, esas formas particulares de ser, de pensar y de interactuar propias de una cultura específica.

En este marco, es que me he comenzado a preguntar por el significado de ser colombiano, por esos rasgos de nuestra idiosincrasia que se revelan con mayor fuerza en medio de esta crisis y que por tanto, según lo dicho son un fiel reflejo de nuestra esencia. 

Ahora bien, un primer hecho que me llamó la atención  gira en torno, a que una vez se conoció que el nuevo Coronavirus se estaba expandiendo por Colombia y que posiblemente se decretarian  medidas de cuarentena en todo el país, la reacción inminente de millones de colombianos fue volcarse a tiendas de cadena y supermercados para abastecerse, y si bien, esto es una reacción natural  producto del pánico, hubo dos constantes bastante inquietantes.

La primera, fue que el  proceso de abastecimiento estuvo marcado por el acaparamiento desmedido, y la segunda, que este pánico fue aprovechado por parte de algunos comerciantes para elevar los precios de los productos, dificultando que las personas de bajos recursos compraran alimentos para pasar la cuarentena. Tanto así, que desde las autoridades regionales se tuvieron que tomar medidas para sancionar dichas conductas 

Este primer hecho revela cierto egoísmo presente en parte de la sociedad Colombiana, y es que el pensar únicamente en el  bienestar propio, por encima del bien común, es una constante en el día a día de la cotidianidad nacional, sin embargo, en contraste con este hecho hay que resaltar la labor de todas esas personas que sin importar la amenaza del contagio conforman los miles de grupos solidarios que promueven múltiples iniciativas para recolectar alimentos y recursos que son destinados a subsanar las necesidades de las poblaciones más vulnerables. en este sentido, se revelan la solidaridad y la empatía a la par del egoísmo como rasgos de nuestra esencia.

Un segundo hecho que me lleno de repulsión y el cual presentaré únicamente como rasgo esencial de la clase política colombiana, tiene que ver con que algunos entes sin escrúpulos se estaban embolsillando los recursos del ingreso solidario mediante la utilización de cédulas de personas ya fallecidas, y aun, cuando  siempre se ha hablado sobre la viveza del colombiano para aprovecharse de la situación, estoy seguro que la mayoría de compatriotas sería incapaz de hacer algo como esto. En este ámbito, dicho acontecimiento debe denotar el profundo grado de corrupción que atraviesa todas nuestras instituciones y la imperante necesidad de un cambio en la manera en la que estamos eligiendo nuestros dirigentes.

Un tercer suceso en relación a estos rasgos esenciales de nuestra esencia. Gira alrededor del aumento exponencial de los casos de violencia intrafamiliar, y es que aparte de que la violencia ha sido una característica presente en el desarrollo de la sociedad colombiana, también se ha consolidado como la forma mediante la cual se resuelven los desacuerdos en la cotidianidad. En este marco, ante la inexistencia de una sociedad que apela al diálogo nos enfrentamos a la violencia como un fenómeno tristemente naturalizado en nuestra idiosincrasia.

Para finalizar un cuarto rasgo que me gustaría mencionar como característica esencial de nuestra sociedad y en este si, aglutino a gran parte de la población, es la  “apatía indiferente” que habitan en la mentalidad de gran parte de la población. Y es que hace apenas cinco meses en medio del paro nacional, donde trabajadores de la salud, campesinos, estudiantes entre otros gremios salieron a la calle a protestar exigiendo mejores condiciones para el ejercicio de su labor. Gran parte de la población colombiana sentada en su sillón tachaba de vándalos e inadaptados a los médicos que hoy les salvan la vida, a los campesinos que los alimentan y a los estudiantes que exploran soluciones desde la academia para aminorar los efectos de la pandemia.